Me enteré que una profesional civilista tiene miedo que gane el PRD y la boten de su empleo, en las famosas "barrerías" que se dan aquí al cambiar gobierno.
Entonces se está preparando por "si las moscas". Ya habló con un conocido perredista buscando protección para que no se la lleve la marea de cambios del nuevo gobierno.
Cuando me dijeron eso, recordé un viejo dicho de los campesinos panameños. Ellos hablaban que había que saber muy bien "dónde uno amarraba su caballo", para poder sobrevivir en política.
Pienso que la persona de mi historia no será la única que esté sufriendo, ante un posible triunfo de la oposición en las elecciones de mayo.
Miles de funcionaros públicos estarán durmiendo mal, tomando calmantes, ante esta posibilidad que les podría hacer perder su puesto.
Porque en Panamá se considera que muchos cargos públicos son botín político del triunfador.
Eso es muestra del subdesarrollo administrativo que existe en Panamá.
En los países desarrollados el cambio de gobierno solamente afecta los niveles altos, de confianza y seguridad.
El resto de la burocracia no tiene porqué perder "la chamba", si han sido buenos funcionarios y cumplido con sus obligaciones. Claro está que esto no se refiere a las famosas botellas, asesoras fantasmas y otros funcionarios que no tienen el cargo por méritos, sino para pagar favores políticos.
La situación mencionada se ha dado siempre en este país, y es una mala costumbre desde antes del golpe militar.
Por eso algunos malos funcionarios cuando saben que perderán el puesto, se dedican a llevarse lo que puedan, hacer cualquier chanchullo. En fin, aprovechar los "últimos cartuchos" de su cargo, para tener algo luego de la botada.
Cierto es que existe la base para parar esa mala costumbre politiquera panameña. La ley de carrera administrativa es bastante adecuada, pero lamentablemente no se cumple en forma debida.
Cada gobierno quiere miles de posiciones para pagar el respaldo de sus seguidores. Este "clientelismo" es anticuado y malsano en lo administrativo, pero efectivo para el nuevo gobierno. Ojalá que entre las mejoras que se piensan hacer a la ley electoral, esté brindarle seguridad al buen funcionario público. Así se acabaría la angustia de muchos de ellos en estos días.