Ya se están organizando debates entre los precandidatos presidenciales tanto de partidos oficialistas como de la oposición. Si bien es cierto que es beneficioso confrontar las ideas entre los que aspiran a dirigir el país, hay que reconocer que el tiempo establecido para ese ejercicio resulta insuficiente.
Más que hablar ante los medios, los candidatos ya deben presentar su plan de trabajo de llegar a la Presidencia de la República. A veces en el calor del debate se prometen cosas que nunca se cumplen y las palabras al cabo del tiempo se las lleva el viento. Una propuesta en blanco y negro facilita que los medios de comunicación y sobre todos los electores, verifiquen el cumplimiento.
Casi ningún candidato ha presentado hasta ahora una propuesta de gobierno, salvo el panameñista Marco Ameglio. Los electores deben ser más exigentes y no sólo depositar el voto por un candidato determinado, por el simple hecho de ser el abanderado del partido político en el que militamos.
Estaremos escogiendo a la persona que tendrá en sus manos las riendas del país. El amiguismo o la simpatía personal, debe subordinarse al beneficio de la nación, para así escoger al candidato que haga las mejores propuestas realistas.
En el fondo los problemas de Panamá son conocidos por todos los candidatos. Ya hay suficientes diagnósticos y estudios, lo que difiere entre uno y otro partido es la forma de ejecutar las acciones. Unos prefieren las cosas rápidos; otros les dan vuelta y vuelta al asunto como esperando que se resuelva solo.
Panamá requiere un conductor que no dude en tomar decisiones; que rectifique cuando sea necesario y que esté en sintonía con las realidades del país. Los ciudadanos que ejercerán el voto en mayor del año 2009, deben reclamar propuestas y no camisetas.