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CELEBRACION: PATRONALES EN LA ERMITA DE SAN CARLOS
Adoración infinita

Lineth Rodríguez | Nuestra Tierra, Crítica en Línea

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Las flores que le colocan a María son naturales y se mantienen intactas durante días. (Foto: Lineth Rodríguez / EPASA)

María llega a nuestros corazones todos los días, pero hay un día en especial que la madre de Jesús desciende sobre la tierra para que el mensaje de paz y amor se practique con mayor empeño. Esta virgen que se le apareció en Portugal a tres peregrinos un 13 de mayo de 1917, y que recibió el nombre de Nuestra Señora de Fátima, también es venerada en La Ermita de San Carlos, un pequeño poblado de Panamá Oeste, que apenas alcanza los 3 mil habitantes.

Desde hace 51 años, La Ermita festeja todos los 13 de mayo, la llegada de esta virgen al pueblo, no sólo por iluminar el camino de los lugareños, también por concederles milagrosamente las peticiones de salud y vida. Y, a cambio de todas esas bienaventuranzas la madre sólo pide la paz y rezar el rosario, el mismo mensaje que nos dejó el Papa Juan Pablo II.

Para complacer a Fátima, hombres, mujeres y niños le acompañan con nueve días de antelación a la fiesta final, en las conocidas novenas, congregación en donde los ermiteños preparan el camino hacia la solemne procesión del 13 de mayo.

REINA DE VERDAD
Fátima no es sólo una imagen ni el cuento de algo que sucedió, la gente asegura que al ver a la virgen, sienten como si ella les hablara, por ello son muchos los habitantes de esta región que se encargan de vestirla, y proveer al comité católico encargado de organizar la fiesta todo lo necesario para que cada año la virgen se vea más bella que el anterior, y este 13 de mayo no fue la excepción.

Los ermiteños trabajaron toda la noche del 12 para que al despuntar la aurora del siguiente día, María estuviera lista para iniciar la jornada con el tradicional rosario. Lucía bella, su radiante imagen bordada con oro, hacía contraste con un hermoso vestido rosa, y flores. Tras la solemne misa que auspició el párroco Car Madrid, ermiteños y fieles de pueblos cercanos acompañaron a la virgen por las principales calles en procesión, cantando y alabando a María.

En el festejo hubo de todo, una banda, niños disfrazados de ángeles, imágenes de santos de otras iglesias y por supuesto un pueblo que camina en pro de la oración. Con el repicar de las campanas y las luces de los juegos de artificio, la iglesia se ilumina. Fátima entra airosa al templo, cual reina desciende de los cielos para abrigar a su súbditos. Todo parece indicar que la fiesta ha terminado, pero el pueblo sigue cantando y dando gracias a la madre de Dios, por bendecirlos con su presencia.

DE LA FIESTA
Aunque es tradición la lluvia, Fátima no soltó una gota de agua este año.

Nuestra Señora de Fátima jamás ha repetido un vestido o decoración.



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