El gobierno anuncia que no respaldará económicamente los carnavales del próximo año. Cada año se destinaban más de 4 millones de dólares para esos festejos en la capital y los artistas internacionales eran los que se llevaban el gran jamón de ese desembolso estatal.
La propuesta es que la fiesta de Momo la patrocine la empresa privada que al final del camino, es la que se beneficia de esa marea humana que llena las calles de la capital y el interior del país, durante los cuatro días de parranda de febrero.
El otro año se debe celebrar el centenario de los carnavales en Panamá y es una ocasión que las empresas cerveceras y la industria del licor asignen presupuesto para organizar el evento de la farsa que cada año atrae turistas.
El IPAT y la Fuerza Pública deberán colaborar con la promoción y la seguridad, pero los gastos propios de la contratación de artistas, construcción de tarimas, carros alegóricos y las comparsas deben ser cubiertos por el sector empresarial.
Lo cierto es que cada año que el Estado aporta fondos para el carnaval capitalino surgen suspicacias sobre el manejo de fondos y en algunas ocasiones se presentan informes financieros incompletos, lo que alimenta más en el morbo.
Habrá también que definir la nueva ruta del carnaval, que dicho sea de pasado dónde quiera que se fije generará cuestionamientos, pero se debe buscar un área céntrica, donde ocasione menos molestias a residentes, comerciantes y demás que utilicen la vía seleccionada.