Ya se cumplió el trámite inicial para reformar la Carta Magna. La aprobación en tercer debate revela la existencia de un pacto del gobierno saliente y el presidente electo Martín Torrijos para introducir las modificaciones que deberán ser sometidas a la consideración de la Asamblea Legislativa, que se instala el 1 de septiembre.
Los cambios más trascendentales son introducir la posibilidad de convocar a una Constituyente Paralela, frenar el crecimiento de la Asamblea Legislativa, se recortó la transición de un gobierno a otro y se otorga a la Corte Suprema de Justicia la facultad de procesar a los legisladores y se ratifica que la ampliación del Canal deberá ser sometido a un referéndum.
Aunque muchos sectores reclamaban una reforma más integral, esa posibilidad es remota al menos por los próximos 5 años. Aunque se introdujo el método de la Constituyente Paralela, es casi improbable que el gobierno perredista recurra a esa alternativa, tomando en cuenta que controlarán la próxima Asamblea.
Aunque parche más a la Carta Magna de 1972, las reformas aprobadas por los actuales legisladores representan un pequeño paso en los esfuerzos para adecuar la Constitución, sin embargo, hay que advertir que faltan otras reformas que tarde o temprano deberán ser introducidas.
Ayer, el presidente electo, después de permanecer en silencio por varias semanas, reapareció reclamando el trofeo de las reformas. Cuando el proyecto estuvo a punto de naufragar no se escuchó su voz.
Sin duda que la iniciativa prosperó, porque el Ejecutivo le extendió su mano. Habrá que preguntarse qué acuerdos se pactaron para lograr que los arnulfistas fueran tan espléndidos con sus tradicionales enemigos políticos.