AFP
El presidente peruano, Alejandro Toledo, dejará el viernes próximo su cargo con un reconocimiento por su gestión económica pero con críticas a la gestión social, en un mandato de cinco años en que vivió momentos difíciles que incluso pusieron en duda la culminación de su gobierno.
Toledo, de 59 años y nacido en el poblado pobre de Cabana, al norte de Perú, dejará el gobierno este 28 de julio al socialdemócrata Alan García, quien ya gobernó entre 1985 y 1990.
El presidente tomó en 2001 las riendas de un país que atravesaba una difícil coyuntura tras 10 años de gobierno de Alberto Fujimori, que terminó en 2000 con su renuncia y reemplazo para un período de interinato en que asumió el centrista Valentín Paniagua.
Toledo atravesó todo su gobierno con índices de aprobación cercanos al 10%, que tan sólo se levantaron en las últimas semanas en un reconocimiento al manejo macroeconómico con un crecimiento sostenido superior al 5% anual desde 2003.
El mandatario sostiene que al término de su gestión las exportaciones superan los 20.000 millones de dólares anuales, frente a los 6.800 millones cuando llegó al poder en 2001.
Al optimismo, se sumó el primer ministro Pedro Pablo Kuczynski, destacando que "la deuda pública se ha reducido de 50% del PIB al inicio del período (de Toledo en julio de 2001) al 35%".
Para Toledo el Acuerdo Nacional con sus 31 políticas de Estado que enmarcan el desarrollo del país hacia el año 2021 "es el gran legado" que deja, y que se hizo con representantes de los partidos políticos, sociedad civil e iglesias.
Pero los índices macroeconómicos no esconden una pobreza rampante, que alcanza a cerca de la mitad de los 28 millones de peruanos.
Cuando llegó a su cargo, Toledo despertó enormes expectativas por su origen pobre y andino. Sin embargo su administración empezó a debilitarse por una serie de escándalos familiares, lo que generó inestabilidad política y temores sobre un posible recorte de su mandato.
Uno de los mayores escándalos que afrontó Toledo fue el caso de la paternidad no admitida de una niña, fruto de una relación extramarital, la que finalmente reconoció tras una larga pugna judicial y la presión popular.
Luego se sumaron denuncias contra una hermana por participar en una presunta falsificación de firmas para lograr la inscripción legal del partido de gobierno, y contra un hermano denunciado por tráfico de influencias.
En el caso de las firmas falsas, una comisión del Congreso encontró a Toledo culpable y pidió su destitución, que el Congreso rechazó.
También Toledo afrontó con éxito el 1 de enero de 2005 una asonada golpista con la toma de una comisaría en la región andina de Andahuaylas, encabezada por el mayor retirado del ejército, Antauro Humala, al mando de 150 reservistas, que pedía la renuncia del mandatario.
En esa acción fueron asesinados cuatro policías antes de la rendición de los rebeldes, que ahora se encuentran detenidos y procesados en cárceles de Lima.