El Ejecutivo dio un paso plausible para normalizar la situación que mantiene paralizado al país desde hace un mes. Fue determinante la intervención del Comité Ecuménico, para favorecer el diálogo nacional, que buscará mejorar la Ley 17, que reformó el sistema de seguridad social.
Luego el Frente Nacional por la Defensa de la Seguridad Social anunció el levantamiento de la huelga, que dejó más de 100 millones de balboas en pérdidas al comercio, más de 1, 000 detenciones y enfrentamientos en casi todas las provincias del país.
Sin duda que la intervención de la Iglesia, una de las pocas instituciones con credibilidad del país, fue determinante para solventar la situación que estaba llevando a la nación por senderos peligrosos.
Ahora lo correspondiente, es que en la mesa del diálogo nacional se designen a los mejores técnicos del país, para que se hagan los aportes, que mejoren la nueva ley del Seguro Social, para afectar en menor medida a la sociedad panameña.
Lo sucedido debe también servir de ejemplo a gobernantes, para que varíen su método para introducir cambios a legislaciones sensitivas. Así como una población le brinda un mayoritario respaldo en las urnas, de esa misma manera se lo puede retirar, cuando siente que no se le consulta adecuadamente.
La figura presidencial ha resultado notablemente erosionada. El mandatario Martín Torrijos tendrá que hacer esfuerzos extraordinarios para recuperar ese respaldo del 48 por ciento que obtuvo en mayo del 2004.
Lo sucedido en las últimas cuatro semanas deja lecciones para todos. Había un pueblo que estalló, luego de sentirse asfixiado. Ojalá que gobernantes y gobernados asimilen lo sucedido.