Los españoles José y Sergio Colastra fueron liberados ayer tras permanecer secuestrados durante 77 días por guerrilleros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC) Aunque poco fue lo que revelaron las autoridades sobre los pormenores, lo importante es que padre e hijo están sanos y salvo.
La información inicial indica que hubo alguna intervención cubana en la liberación de los Colastra. Los detalles del secuestro quizás nunca se sabrán, pero las víctimas siempre vivirán con el temor de revelar los pormenores de esa amarga experiencia.
El secuestro es uno de los delitos más graves. Se priva a una persona de su libertad para exigir un rescate. Además se vulnera sicológicamente a la víctima como a sus familiares, que por siempre sentirán el temor de volver a vivir una pesadilla como esa. Tras un secuestro, el afectado nunca vuelve a ser el mismo. Siempre habrá un temor permanente.
Lo sucedido debe obligar a las autoridades panameñas a mantener una adecuada vigilancia en la selva darienita porque todo indica que hubo gente del área que alertó a los insurgentes sobre la presencia de los españoles en esa zona. Es el típico secuestro por encargo que se ejecuta constantemente en Colombia y que nuestros vecinos han trasladado a Panamá.
Resulta incomprensible que una persona sea reducida a una mercancía, que se pretende negociar. La industria del secuestro representa ingresos cuantiosos a los insurgentes y a la delincuencia, que perpetra ese tipo de empresa, sin tomar en cuenta los sentimientos de padres, hijos, esposa, hermanos y amigos de la víctima.
Conforme se produzca el ingreso descontrolado extranjeros, así mismo se incrementa el riesgo de secuestros y otros hechos delictivos. Los panameños no están en contra del elemento decente que sale de Colombia para buscar un mejor futuro, lo que se rechaza, es al elemento del mal vivir, que intenta introducir nuevos esquemas de delincuencia en Panamá.