Las formas de vida características de nuestro tiempo, dan lugar a la producción y acumulación de basura. El crecimiento desmedido de los pueblos empeoran la situación cuando las autoridades no planifican con detenimiento el tratamiento de esos desperdicios del hombre.
El peor de los ejemplos es Arraiján, un distrito del área Oeste de la provincia de Panamá, donde la basura abunda, lo mismo que las moscas y los gusanos.
A pesar de que se terminó el contrato con la empresa CREDESOL, el problema parece no desaparecer, en primer lugar por la irresponsabilidad de los propios residentes que se niegan a pagar la módica suma de 25 centavos por bolsa, situación que ha provocado gran acumulación de desperdicios que nadie quiere recoger.
¿Qué hacer? Ante esta situación, la Alcaldía de Arraiján debe imponer las normas y aplicar las sanciones correspondientes contra aquellos que ensucien los sitios de servidumbre pública. Si no hacen nada y se quedan de brazos cruzados son cómplices del problema y merecen el desprecio de la sociedad.
El problema de la basura es mundial. El incremento de la población y el consumo exagerado de objetos innecesarios desechados casi siempre en un periodo corto, acarrea la demanda cada vez mayor de bienes de consumo, muchos de los cuales se presentan envueltos en papel, plástico o cartón; a esto se suma la abundante propaganda y publicidad impresa en papel y repartida en la vía pública y que, casi siempre, es arrojada a la calle. El comercio, las escuelas y otras instituciones tiran diariamente enormes cantidades de papel.
Alguien preguntó que cuándo hay que actuar en estos casos. La respuesta es ya. No hay que esperar que se desate una epidemia que afecte a miles.