La naturaleza cada cierto tiempo se ensaña en contra de los panameños. Atrás quedó la idea de que somos inmunes a este tipo de tragedias. Las inundaciones que se registran con cierta frecuencia en todo el país, son una muestra de ello.
Cerca de un 80% del territorio nacional está afectado en estos momentos por los efectos del huracán Thomas. Una cifra que resulta considerable, tomando en cuenta la capacidad de reacción que tienen nuestros organismos de seguridad y rescate.
Y si nos quedaba alguna duda al respecto, el Banco Interamericano de Desarrollo emitió recientemente un informe en el que plasma la vulnerabilidad del país ante tragedias naturales. El BID destaca que a Panamá le falta mucho por hacer en materia de planificación de políticas para reducir los riesgos.
No se puede negar que el Sistema Nacional de Protección Civil y la Fuerza Pública han avanzado considerablemente en la obtención de equipos, recursos y capacitación de personal para enfrentar posibles desgracias. Sin embargo, a la hora de juntar fuerzas, cada uno anda por su lado.
El Estado panameño ha invertido cientos de miles de dólares en estudios que plantean cómo actuar frente a estas eventualidades, pero la mayoría de ellos reposa engavetados en alguna oficina pública.
El Gobierno tiene la obligación de elevar, de una vez por todas, el tema de la protección civil a política de Estado. Las tragedias naturales no avisan, ojalá que cada día perdido no nos pese en el futuro. Entonces, aprovechemos la benevolencia que la naturaleza nos ha dispensado hasta ahora y avancemos en eso.