Estados Unidos fue el primer país en darnos un llamado de atención en nuestra vida republicana y eso se dio en el desarrollo de nuestras primeras elecciones en 1906. Comicios que fueron de perro y gato, como los de ahora, pero con una ventaja muy grande: no había mujeres metidas en el sancocho. Imagínense la ciudad en 1906, con calles y servicios públicos catalogados por historiadores y poetas como una mierda, como marco para realizar las primeras elecciones y escoger en ellas a los concejales capitalinos. Solo dos partidos se disputaban las curules, y las peleas eran tan grandes, que liberales y conservadores decidieron que los Estados Unidos interviniera para así asegurar el triunfo de cualquiera de los dos bandos. Miren la dependencia de criterio, en las mentes de algunos de nuestros primeros políticos, que por no tenerse confianza decidieron ir ante los bárbaros, para asegurar unos comicios honestos. Viajaron a Washington con la facilidad de los últimos presidentes de hoy: Pablo Arosemena, Belisario Porras, Eusebio A. Morales y el General Domingo Díaz para indisponer al presidente Amador.
La vaina fue que del secretario de Guerra yanqui, Mr. Elihu Root, recibieron la humillación más grande que haya recibido Panamá en el exterior, superada solamente por las metidas de pata del que sabemos.
Elihu Rott envainó a los "sapos" y les dijo "que el día que el gobierno de Estados Unidos pagase de su tesoro agentes para que interviniesen en debates del derecho electoral o civil de los panameños, ese día habréis perdido la soberanía". Cuentan en todos lados, menos en las escuelas, que Porras sintió tanta vergüenza que dijo: "Una lección de civismo que debe permanecer eternamente fresca en la memoria de los panameños".