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¿Cuántos de ustedes padres no han tenido que bajar la cabeza, pegarle y hasta gritarle a su hijo en público porque le han formado un berrinche?... o tal vez, ante una petición simple o un comentario bien intencionado responden con una contestación grosera, con mucha impaciencia, miradas ásperas y porque no, indiferencia?
Y es que muchos niños se ponen frescos y su furia explota en un arrebato que hace voltear hasta al individuo más distraído que va a su lado, dejando a sus padres al borde de un colapso.
Según Rodolfo Rivas, pediatra, es normal que el niño muestre sus protestas ante situaciones que le incomodan, y es bueno que sea capaz de expresar sus sentimientos, pero eso no quiere decir que permitamos faltas de respeto. Aseguró que en la vida todos nos enfadamos pero es necesario aprender a dominar la ira y encontrar otras formas de demostrar el enfado y expresar la frustración.
Señaló que psicólogos y educadores están de acuerdo en que es muy útil conocer los rasgos de carácter, tener en cuenta la etapa de desarrollo y repasar los acontecimientos que están sucediendo en la vida familiar, para encontrar las causas que están contribuyendo a ese comportamiento en el niño.
Partiendo de tales consideraciones, a continuación te ofrecemos algunas estrategias que te ayudarán a lidiar y reducir esas respuestas inconvenientes y desbordadas de los más pequeños de la casa:
Niños entre uno y tres años: Es frecuente que a esta edad se enfurezcan cuando no se atienden de inmediato necesidades como el hambre, la sed, el cansancio y reaccionan con gritos y pataletas.
Mencionó que será necesario buscar la mejor forma de reaccionar en cada momento, pues a veces se les puede calmar con unas palabras dulces, otras intentando distraerles con una actividad diferente o simplemente permitiéndoles descansar.
El especialista considera que siempre hay que evitar que vean a sus padres excitados. También manifestó que nunca deben dejar aislado al niño en el momento del berrinche, pues se corre el riesgo de que asocie el enfado con el abandono, y que piense que si sus padres no son capaces de mantener el control, él tampoco.
Además reiteró que es importante predicar con el ejemplo: Si queremos hijos corteses y respetuosos, hemos de mostrarnos así en la vida cotidiana. Prémiele con un elogio cuando utilice frases amables como "por favor" o "gracias" y alábale también cuando se muestre obediente ante una situación que le frustre algún deseo, como volver a casa cuando aún hubiera querido quedarse más tiempo en los columpios del parque, por ejemplo.
En la edad preescolar: Rivas arguyó que a menudo los niños se pelean y se frustran por objetos y juguetes. También como causa de la rabieta puede estar el miedo, la falta de habilidades para realizar determinados juegos o tareas, o la imposibilidad de expresar sus sentimientos en palabras.
Es importante, destacó, que el niño comprenda que el enfado es algo que a todos nos llega en algún momento, pero que no tiene importancia si no nos lleva a hacer daño a otras personas o a sus pertenencias. También hay que procurar que entienda que puede hablar con sus padres de sus deseos y frustraciones, pero también tiene que comprender que con la rabieta no logrará nada. Dijo que los padres pueden ofrecerle su ayuda pidiéndole que primero trate de calmarse. No se trata de pedirle que reprima sus emociones hasta el punto de no atreverse a expresar sus necesidades o deseos, sino de ayudarle a encontrar la forma correcta de manifestarse con libertad, respetándose a sí mismo y a los que le rodean.
Escolares: Entre los seis y doce años los niños desean ser aceptados por sus iguales y sentirse integrados en el grupo, y discrepancias entre compañeros puede originar peleas enfurecidas, señaló. Esta situación debe llevar a los padres a sancionar los actos indebidos como agresión física o verbal, recalcó.
Para el especialista a esta edad los hijos pueden entender mejor que aunque se sientan enfadados tienen posibilidad de elegir cómo reaccionar, y se le puede ayudar sugiriéndole alternativas para desahogarse como hacer ejercicio, dibujar expresando sus emociones, entre otras.
También es importante explicarles que los comentarios denigrantes y el sarcasmo pueden herir, y hacer hincapié en que ese tipo de lenguaje no se va a permitir en la casa, arguyó. "Utilizar el sentido del humor y proporcionarle al niño nuevas posibilidades de expresarse con calma y respeto es muy bueno para él".
Adolescentes: Lo primero es lo primero, dijo Rivas. "Es normal que los adolescentes se rebelen y se muestren enfadados cuando los padres les reprimen, por instinto de protección, su necesidad de independencia, en fin".
Pero explicó que a esta edad, los hijos ya están preparados para tener que aceptar las normas familiares pero los padres también han de renunciar a un control absoluto sobre los hijos. Según el entrevistado, en los momentos de calma se puede aprovechar para volver a la situación de conflicto con sentido del humor y dejando claras o recordando las reglas de la convivencia familiar en las que no debieran tener cabida la violencia o los insultos. Concluyó que es una buena etapa para que los padres ofrezcan un ejemplo de contención a los hijos adolescentes y porqué no, utilizar las mejores armas, el cariño bien templado con la firmeza a la hora de marcar los límites de la convivencia familiar. |