Nos cuenta el abogado y poeta Sergio Pérez Saavedra que entre los mejores constructores de carretas en Chitré, había uno que era poeta y filósofo, y otro que recitaba trozos de la Iliada y de la Odisea. Uno escribió libros de profundas y metafóricas décimas y poemas; el otro fue Concejal y Alcalde.
Pareciera que hacer una carreta es un acto tan sublime, que requiere espíritus superiores.
El asunto no consistía solamente en darle forma a la madera, sino que había que tener alma de artista, para imprimirle belleza y armonía a la majestuosa obra.
Los ilustres carpinteros, con no disimulado orgullo, con destreza y conocimiento, se entregaban totalmente a la construcción. Nacía una relación tan intima entre el constructor y lo que se estaba armando, que de las manos, la mente y el corazón de aquel, brotaban manifestaciones del amor más puro, como el que se tiene a la primera novia.
En la medida en que la carreta iba tomando forma, así mismo se identificaba la personalidad del enamorado maestro de la carpintería. No descuidaba ningún detalle. La madera de cedro tenía que ser de primera. Los tamaños de los tacones tenían que ser exactos. La tabla atornillada debía tener 12 pulgadas de ancho y seis pies de largo. Las escuadras que sirven de refuerzos, debían ser de tres octavos de grueso por dos de ancho, 12 pulgadas de alto y ocho en la base, complementadas con el candelabro, que en este caso es la hipotenusa de un triángulo recto de cinco octavos de espesor y catorce de largo. Cada pieza que forma el cajón de la carreta era minuciosamente acariciada por las hábiles manos del artífice. Lo mismo sucedía cuando trabajaba con las dos ruedas y sus respectivas manzanas de madera de moro, con sus rayos o radios; con la lanza de roble, laurel, cigua o maría, y con el yugo construido de madera de calabazo.
Según el historiador Sergio Pérez S., cuando la carreta, terminada y revisada hasta el último detalle salía del taller, el carpintero sentía la misma sensación que embarga a un padre cuando le nace un hijo.
La foto que ilustra esta nota es de la réplica de la carreta chitreana en “escala” incluyendo la yunta, todo de madera, hecha por don Saturnino “Nino” Rodríguez (q.e.p.d).