Sumergido en la Comarca Ngöbe Buglé después de recorrer muchos kilómetros entre fango y piedras, se localiza el Paso de la Tuluvieja, una verdadera obra maestra de la naturaleza.
El corte perfecto de una roca semejante al nivel de un cielo raso sostiene la tierra de un cerro formando una pequeña cuEva, Crítica en Línea de la que todos los visitantes que van a Soloy tienen que pararse apreciarla.
Pero a un lado, como un ingrediente de la mano maestra que la creó, se localiza una cascada que en sus aguas cristalinas baña la entrada de la roca y proporciona el deleite de un ambiente fresco y tranquilo.
Los residentes de Soloy le nombraron a este lugar el Paso de la Tuluvieja porque en las noches escuchan el rugir de la montaña que en el solitario lugar apoderado por la penumbra de la noche tiene que pasar.
Según Demetrio Montezuma Cuevas, cuenta que sus padres desde hace muchos años cuando transitaban por el lugar escuchaban los quejidos de la Tuluvieja y se refugiaba debajo de la roca cuando la lluvia caía.
Aunque para él pueden ser historias, su hermano Sixto comenta que una vez tarde de la noche pasó por la cascada iba en fuego y vio un animal con la cara cubierto de cabellos, lo único que estuvo oportunidad de galopar en su caballo y cruzar como un rayo el Paso de la Tuluvieja.
Este paraíso natural lleno de historias y leyendas de los indios que habitan el lugar, apuntan que sus antepasados lo utilizaban como lugar de refugio cuando las tempestades llegaban o los ríos les impedían cruzar a sus chozas.
La cascada se empina a más de 30 metros de altura y baña con fuerza las rocas al caer, lo que provoca en los visitantes detenerse un momento para apreciar las obras de la naturaleza.
A pesar de las historias que guarda el Paso de la Tuluvieja en Soloy, solo es una de las vistosas áreas que guarda en su corazón la región comarcal que puede servir como un destino turístico para nacionales y extranjeros.