La adicción al juego es un problema que aqueja el mundo entero. Jacinto, es uno de esos adictos. Viajó de Chiriquí a la capital hace ya casi 20 años. Trabajaba duro para mandarle algo a sus padres y sobrevivir, hoy tiene 39 años.
"Cinto" como le dicen sus amigos empezó a trabajar como ayudante de albañil. Ahorró algo de plata y junto a otro familiar, se instaló en un terreno baldío. Allí construyó su casa. Año y medio después conoció a Mireya, con la que se casó y tiene 2 niños.
Un día de quincena, después de salir del trabajo, sus amigos lo invitaron a visitar un casino que recién había abierto y por "suerte de principiante" ganó casi B/.150. Llegó contento, pero como él dice "ese fue el mejor y peor día de mi vida".
Al cabo de una semana llamaron al trabajo para decirle que su mamá había muerto atropellada por un borracho, que para acabar se había dado a la fuga. "En vez de irme a casa, fui al casino y me gasté todo lo que tenía encima. Me sentí mejor", comenta.
De allí en adelante por cualquier problema acudía al casino, si estaba alegre celebraba, si estaba triste se refugiaba en el juego.
Fue tanta la adicción de Jacinto que perdió su trabajo, por las constantes ausencias. Se gastaba todo el cheque en los juegos y para acabar pedía dinero a todos sus amigos y conocidos para seguir jugando.
Hoy, se arrepiente, porque estuvo algunos años presos en la cárcel de Tinajitas por haber robado para pagar su vicio.
UNA REALIDAD
Hay una línea entre los jugadores y los adictos a éstos. El doctor Roberto Mainieri, psicólogo clínico de la Centro de Neuroterapia, explica que existen 4 clases de jugadores: el social, persona que juega para divertirse y va con un presupuesto limitado; el profesional, quien conoce el manejo de los juegos y usa su habilidad para recibir ingresos.
Los otros dos tipos de jugadores son los que nos interesan. Los problemáticos y los jugadores patológicos. El patológico es aquel que tiene un deseo irrefrenable de jugar y cumple con 5 o más requerimientos del manual estadístico de los desórdenes mentales (DSM4).
Si sólo cumple 4 o menos de las características se considera a las personas como un jugador problemático. Eso si este comportamiento no puede ser causado por tipo de trastorno.
CRUZANDO LA LINEA
Según el doctor Mainieri hay señales que alertan a los parientes y amigos que una persona está pasando los límites.
Si la persona dedica todo su tiempo libre al juego, comienza a apostar más dinero y en forma más frecuente, sus deudas crecen, siempre tiene la esperanza de una gran ganancia, continuas promesas que va a dejar de apostar, evita explicar su comportamiento y miente, sufre de bajones en su estado de ánimo. Se sienten tristes o alegres de repente.
Además, magnifican lo que ganam, pero minimizan las consecuencias de perder.
COMO LIDIARLOS
Para la familia: no sea alcahuete, ni se culpe. No niegue que hay un problema, aliéntelo a buscar ayuda, ofrézcase para acompañarlos a reuniones, maneje las finanzas y confronte la situación. Usted solo no puede resolver el problema ni curar al jugador compulsivo. Deben obtener ayuda de un especialista.
Los jugadores deben buscar ayuda, deje de negar que tiene problemas, corrija el comportamiento irresponsable, aprenda a controlar las presiones financieras y encuentre actividades recreativas que reemplacen el juego.