En cada una de las fiestas patronales, regionales, de aniversario de fundación, de carnaval, o cualquier otra, siempre estarán presente nuestro tradicional raspa’o y la carne en palito, ofrecidos por gente humilde que han hecho de esto su estilo de vida, y han logrado educar a toda su familia, sintiéndose orgullosos de ser los dueños de su propia empresa.
EL RASP'O
Salir de una iglesia interiorana después de una misa patronal abarrotada de gente con un calor sofocante, típico de la región de Azuero; y ver una carretilla de raspa’o, creo que es como ver un oasis en el desierto.
Para fortuna de los sedientos, no habrá una, sino decenas de estas carretillas con filas interminables de chicos y grandes solicitando este sabroso refresco. No he oído jamás, a nadie decir que no le guste el raspa’o. Y es que este característico granizado no tiene competencia.
El hielo raspado lo complementa con ricos sabores de frutas de la región, conocidos como “sirope” (almíbar). Los hacen de coco, nance, piña (a este le dejan trocitos de la misma fruta), nonita, y el más tradicional: “el rojo”, que nunca me han dicho de qué lo hacen.
CARNE EN PALITO
Este es otro trabajo duro, pero honesto y gratificante de nuestros interioranos; también con esto han contribuido a la educación y sostén de sus familiares. Al igual que el raspa’o (no son competencia), están presentes en todas las fiestas del interior; mientras que uno apacigua la sed por el calor, el otro aminora el hambre.
Las dos son tradiciones en las fiestas patronales de nuestro interior.