El Liverpool del técnico español Rafa Benítez se proclamó ayer campeón de la Copa de Inglaterra, arruinando las esperanzas del West Ham United, tras resolver una frenética final en el Estadio del Milenio de Cardiff, en la tanda de penaltis.
La alta tensión que dominó todo el encuentro, que siguió el príncipe Guillermo desde las gradas en calidad de nuevo presidente de la federación de fútbol, la abundancia de goles y de oportunidades adornaron un partido muy abierto, que concluyó con un empate a tres y que tuvo que decidirse con penaltis a favor de los "Reds".
El español Xabi Alonso, duda por lesión, comenzó en el once titular de los "Reds", al igual que Pepe Reina, que vivió instantes de pesadilla, mientras que Fernando Morientes arrancaba desde el banquillo. Fue la formación de Benítez la más enérgica en los primeros minutos, aunque acusó pronto fallos importantes en la defensa.
Tras un lanzamiento de falta en terreno peligroso a cargo de Steven Gerrard, el noruego John-Arne Riise buscó la meta de Shaka Hislop con un centro que bloqueó el capitán del West Ham, Nigel Reo Coker.