Adquiera la virtud de la valentía para enfrentarse a los problemas. Confíe en Dios y en usted mismo. Luche contra el miedo, pues el miedo paraliza, le quita lucidez, le hace cometer torpezas y lo lleva al abatimiento. Sea valiente y decidido; con una postura así irá eliminando los efectos devastadores del miedo al fracaso, al rechazo, a la muerte. Todo esto infecta la mente, aturde e impide ver las cosas con claridad.
Desarrolle su capacidad de asombro, de admiración ante las cosas pequeñas o grandes del mundo llenas de maravillas. Si usted mantiene esa actitud de asombro ante todo lo hermoso, le garantizamos que desaparecerán sus tristezas, sus aburrimientos y, más aún, su depresión. Conviértase en un ser sensible a lo positivo. Cultive el corazón de niño que ve todo como nuevo y bello.
Lo invitamos a que cuando se levante por las mañanas se diga a sí mismo: ¡Qué maravilla que sigo vivo! ¡Esto es un milagro de Dios, porque es un milagro la vida! Abra las ventanas de su cuarto, observe el amanecer, el sol que despierta y que va llenando con su resplandor el horizonte. Asómbrese de ver el brillo en los ojos de sus hijos, de que aquel hombre sigue luchando con su enfermedad; maravíllese de que Dios lo sigue amando, lo sigue perdonando. El mundo sigue su curso y hay mucho de bello en él.
Sea optimista, siempre espere un mañana mejor, no deje de luchar, no se desanime, no se sienta derrotado; porque es usted el que admite su fracaso. Mientras usted no lo haga, nadie podrá derrotarlo, sólo usted mismo.
El triunfo será suyo si persevera; alimente esa perseverancia. El triunfo aparece cuando se corre esa milla más, cuando se hace ese esfuerzo adicional que mucha gente considera inútil, como un esfuerzo sin frutos. Dé usted ese paso que pocos dan. La diferencia entre el que triunfa y el que se cae derrotado es ese último esfuerzo para llegar a la meta. Nunca se sienta derrotado y no olvide que Dios está con usted apoyándolo en su lucha. El vencerá y con El todo lo bueno triunfará y si su causa es noble, también usted triunfará.
Nuestro Dios es el Dios de la victoria, el Dios de la esperanza, del fruto feliz; es el Dios del triunfo. Repítase siempre: venceré, venceré, porque Dios está conmigo. Jamás se sienta vencido.
Cultive su lenguaje para que sea positivo. Se ha demostrado psicológicamente cómo el lenguaje influye en los pensamientos, en la manera como se perciben las cosas. Evite expresiones como: ¡qué tristeza!, ¡ya no hay nada que hacer!, ¡estoy hundido!, ¡estoy vencido!, ¡esto no tiene remedio!, ¡es imposible vivir en esta sociedad!, ¡qué humanidad más desgraciada!, ¡este mundo es de los malos!, ¡hemos venido aquí sólo a sufrir!, ¡es imposible la felicidad!, etc. Evite el lenguaje negativo, porque eso lo condiciona y lo lleva a la depresión; más bien transfórmelo en lenguaje positivo.
Públicamente diga: ¡estoy muy bien!, ¡todo irá mejor!, ¡esto tiene solución!, ¡todo cambiará!, ¡seguiré luchando y triunfaré!, ¡nunca me daré por vencido!, ¡no estoy derrotado!, ¡Dios nunca me abandona!, ¡El está conmigo y yo venceré!, etc. La forma en que usted se exprese condiciona sus estados de ánimo.
Recuerde cuántos momentos le parecieron a usted intolerables, que no los podía soportar y que al pasar el tiempo y con la ayuda de Dios, de la naturaleza, de sus amigos y familia y que gracias a su voluntad, perseverancia y uso de las facultades que Dios le ha dado, pudo triunfar. Decídase a triunfar y empéñese en ello superando así los estados de desánimo, ya queDios está con usted y lo capacita para el éxito. Recuerde que con Dios, usted es ¡Invencible!