Lucas Bartholdy Pinzón, el niño panameño que le regaló hace cuatro años un sombrero típico ocueño a Juan Pablo II, recuerda al Sumo Pontífice, "como el hermano de Dios"
El chico que apenas tenía 7 años formaba parte de una delegación de 14 niños panameños que la mañana soleada del 20 de julio del 2001, interrumpieron la tranquilidad del Vaticano, para bailar al son del tamborito y cantar a todo pulmón... "De Panamá hemos venido con alegría y emoción para que Juan Pablo II nos bendiga con su amor"... ¡Viva Juan Pablo Segundo!.
La alegría de los pequeños, de entre 6 y 11 años, contagió a los presentes que esperaban su turno para que el máximo representante de la Iglesia Católica los atendiera en la tradicional audiencia semanal. Los panameñitos, pertenecientes a la Academia de Danzas Folklóricas de Chavelita Pinzón, vieron ese día cara a cara a su Santidad.
Hoy, Lucas tiene 12 años, pero el recuerdo de aquella visita a Roma y de su breve encuentro con el Papa aún está grabada en su memoria, como si el tiempo no hubiese transcurrido.
CUANDO LE PUSO EL SOMBRERO
"Era de mañana, y luego de haber bailado, subimos a donde estaba el Papa esperándonos", comenta el pequeño, quien pensaba que aquel "señor" era "algo así como el hermano de Dios".
Al verse junto a aquel hombre, Lucas le besa la sortija, y el Papa lo bendice y le acaricia el rostro, en señal de un saludo. Ese contacto no terminó allí, ya que en forma impulsiva, el pequeño se quita su sombrero y ante el asombro de los presentes se lo coloca al Pontífice. Uno de los cardenal intenta quitárselo, sin embargo, el niño insiste en que no lo haga.
Después de unos tres minutos, "el cardenal le quitó el sombrero al Papa, y se lo da a mi tía (Chavelita Pinzón), pero yo le dije que no, que ese era un obsequio para él", comenta. Los minutos, según él, pasaron rápido hasta que Juan Pablo II, hablando en español dijo: Déjenmelo, "el sombrero me lo regaló Lucas".
Aquel momento en que el Papa se encontró con los niños panameños fue registrado por varios diarios en Panamá, inclusive Lucas tiene recortes de periódicos de aquel día, sin embargo, hoy la historia es distinta, el Papa ya se reunió con Dios, esto es lo que piensa este jovencito sobre la muerte de Su Santidad.
DIRECTO AL PARAISO
El niño de aquel entonces es ahora un estudiante de primer año del Colegio Moisés Castillo, en La Chorrera. A sus 12 años confiesa que cuando conoció la noticia de la muerte de Juan Pablo II, el lunes pasado, lo primero que sintió fue tristeza.
Al referirse a ese momento, dijo en voz baja: "él ya estaba viejito, y ya se tenía que ir", "Fue directo al paraíso", un paraíso que para este niño "sólo se alcanza si las personas se portan bien y no le hacen mal a nadie", ese pensamiento se lo enseñó el Papa.
El viernes, día de las exequias de Su Santidad, Lucas se sentó frente a su televisor para observar los detalles del funeral de Juan Pablo II y oró por él. Lucas profesa el cristianismo y asiste al centro Manantial de la Vida, que forma parte de la Iglesia Hosanna. Sin embargo, todavía siente una especial admiración por aquel hombre a quien le regaló el sombrero, porque según lo que ha leído, aquel "señor era bueno y quería unir a las iglesias".
UNA GRAN LECCION
Una gran lección de este adolescente la transmite en una sola frase: "todos somos de una misma religión" y "debemos querernos como hermanos", legado que quizás le dejó al mundo Karol Wojtyla.
Y, es que aquella mañana del 20 de julio de 2001, el Papa dijo en español que "Para ir al paraíso es necesario tener las manos inocentes y el corazón puro, no mentir, no creer en falsos ídolos y no dañar al prójimo".