Usted va por una calle concurrida y siente un hormigueo en el trasero propio de alguien que tiene lombrices. Las circunstancias le impiden rascarse. La procesión va por dentro. Alguien con una mente fantasiosa pediría que apareciera un encantador de serpientes para que con una suave melodía apaciguara a esos bichitos, pero no... lo único que queda es soportar en silencio.
Así son algunos días de un lombriciento. Esa es la parte menos grave, porque en el peor de los casos, esos parásitos te pueden causar la muerte.