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  OPINIÓN


"El secreto de la dicha"

Por: Joaquín Arias | Presidente de PROFE

El verdadero secreto de la dicha se encuentra en la satisfacción interna del ser humano. Si no marcháramos tan apresuradamente por la vida, disfrutaríamos ampliamente de los pequeños detalles que nos brinda el trato amable con las demás personas. La inquietud y la inconformidad se han hecho ya crónicos y forman una lacra de nuestra época y de nuestro tiempo. Sé de personas que apenas poseen algunos bienes materiales, sin embargo, saben gozar la belleza del campo y del mar, de las flores y de los cielos; saben apreciar las maravillas de la naturaleza, en las que muchos ni siquiera se fijan y hallan un placer supremo en detalles pequeños y agradables de la vida, que otros no saben apreciar. La conducta es fruto constante del pensamiento; si pensamos siempre en lo bello, en lo noble, en lo auténtico, con el esfuerzo indispensable para asimilarlo, concluiremos por infundir esas bellezas y cualidades a nuestro carácter. En nuestra conducta se reflejan nuestras aspiraciones y nuestros deseos; el deseo es el modelo que la conducta reproduce. Hay quienes inútilmente esperan la felicidad en el futuro, esperando siempre otros tiempos u otras ocasiones que a su modo de ver les harán felices, pero lamentablemente estas circunstancias nunca llegan, sin advertir que la dicha puede hallarse en este mismo momento, si se aprovecha sabiamente. La ambición es legítima y plausible cuando el esfuerzo espera vencer la ignorancia, por elevar cada día los sentimientos o cualquier otra acción en beneficio de la humanidad. De estas sanas ambiciones es que nace la verdadera y duradera dicha. El hombre cegado por una ambición desmedida, sacrifica el hogar, amigos, bienestar y hasta el honor para lograr lo que desea.

Siempre descuidamos el presente esperando el futuro, sin ver lo que tenemos a nuestro alrededor para disfrutar a medida que recorremos el gran camino de la vida. La ambición egoísta es una guía equivocada que arruinará la felicidad de quien la acaricie y le quitará todo lo que la vida tiene de más bello y dulce. Los ambiciosos pagan muy cara esta pasión insensata.



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