Hace un poco, escuchamos cómo un analista político que tiene un programa radial decía que el buen político es aquel que es pícaro, embustero, ladrón, oportunista, inmoral, insensible al dolor ajeno y bandido, y que estaban a la vista con los resultados de las elecciones pasadas.
Nosotros consideramos que en la República de Panamá, existen los malos y los buenos políticos, muchos piensan que los pri meros son los triunfadores, pues por su astucia y bellaquería siempre están en la papa sin tomar en consideración los principios éticos. El mal político habla de cuestiones políticas sin tomar en consideración su capacidad o necesidad para ello y con sus actuaciones bastardea los fines de la política, ya que ellos han invertido los verdaderos valores de nuestra sociedad, corrompiendo y envenenando la conciencia nacional, por eso hacemos una diferencia entre ambos políticos.
El buen político: Es aquel que tiene principios y cree y defiende su ideología, la cual sustenta, es aquel que tiene criterios morales que le permiten estar siempre con la verdad y la honestidad, es el que tiene como objetivo el bienestar común, también vela por los intereses de la colectividad y no el interés personal de un pequeño grupo, es aquel que actúa pensando en las futuras generaciones y no en las próximas elecciones. El buen político es el que respeta la voluntad popular y el que estaría siempre dispuesto a dar hasta la última gota de su sangre para que esta jamás esa burlada. El buen político es altruista, ecuánime, justo, correcto, decente y amante de la justicia. Ama a su patria, defiende su independencia y está dispuesto hasta ofrecer su vida por su plena soberanía.
El mal político: Es perseguidor, vengativo, embustero, arrastrado, demagogo, falaz, indigno, servil, hipócrita e intrigante, chanchullero y sin vergüenza. Es un enano mental y moral que no cumple con su palabra ni con las promesas. Un electorero que aparece cada cinco años con las mismas mentiras a embaucar a un pueblo que ansioso espera mejores días. El mal político practica el nepotismo, la corrupción y la traición.
Es aquel capaz de vender la patria o entregársela al mejor postor. Ejemplo de un mal político, es aquel que logra a base de vivezas y componendas, colocar a toda su familia en la planilla estatal.
Situaciones como éstas deja mucho que desear y confirman la mala opinión que tiene el panameño de la mayoría de los políticos de nuestro país. Finalmente amigo lector lamentablemente en nuestro Panamá la palabra corrupción es un sinónimo de política, pero todo se debe a que el pueblo tiene esa impresión de casi todos los políticos que están en el escenario actual.
¿Cuánto buenos políticos y cuántos malos políticos conoce usted?