En estas fechas de fin de año, los índices de violencia urbana "se disparan" incontrolables llevando luto y dolor a las familias panameñas, cambiando abruptamente la alegría de los festejos por lágrimas.
Si bien es cierto que la diversión es buena para la salud emocional de los seres humanos, también debemos tener en cuenta que todos los excesos puede tener consecuencias lamentables.
Los días previos a la celebración de la Navidad, reportes policiales reportar que "la parca no se da respiro" y ya reclamó su respectiva cuota de vidas inocentes, lamentablemente la mayoría de ellos en la plenitud de sus vidas.
Ante este panorama desolador, es menester exhortar a la ciudadanía, especialmente a los jóvenes que la diversión debe tener siempre un límite para evitar más luto y dolor entre sus familias.
Debemos recordar que somos de carne y hueso y que la vida es un tesoro preciado, que ya no vuelve más, y se le debe cuidar sin exponerla a riesgos innecesarios.
Por supuesto que esto no debe eximir a las autoridades gubernamentales que tienen la obligación de estrechar las medidas de seguridad para preservar la vida y honra de todos los panameños.
En este punto, la labor preventiva debe ser un principio para evitar actos de violencia, accidentes de tránsito, robos y otro tipo de situaciones que pongan en riesgo la integridad física de la ciudadanía.
En estos días hay que andar con mucha prudencia. Si tiene pensado ingerir licor, los más sensato es no estar al frente de un volante, evite las discusiones innecesarias, maneje su vehículo a una velocidad moderada y sea tolerante. Estamos en fechas donde la paz y la alegría deben reinar y el luto y el dolor.