La liturgia de hoy nos presenta los detalles últimos de la llegada de Jesús a nuestras vidas: Primero, por el anuncio profético de Isaías; en seguida, por el reconocimiento que Pablo hace manifiesto en su carta a los Romanos de la filiación de Jesús con su Padre; y por último, en el hermoso texto evangélico de Mateo, que nos recuerda que la acción de Dios se opera también en una acción de justicia realizada por José, en relación con María, la doncella que concebirá a Aquel que es la señal anunciada desde Antiguo.
Dios cumple sus promesas: ¡La señal ha llegado!
Mateo nos presenta en un bello relato el nacimiento del Mesías.
1. María se encontró encinta por obra del Espíritu Santo.
2. José, hombre justo, decide dejarla en secreto. La justicia de José no consiste en justificar la procedencia de un hijo del cual duda en principio por obvias razones, sino en dejar en manos de Dios la suerte de María.
3. El Ángel del Señor le notifica a José la procedencia del Hijo de María. La justicia de José se ve aquí manifiesta más que en cualquier otro pasaje: Si José no hubiese actuado permitiendo la acción de Dios, su conciencia no hubiera adquirido la tranquilidad que seguramente obtuvo al saber que María hablaba con la verdad.
4. Él salvará a su pueblo de sus pecados. El decir que "salvará a su pueblo" nos puede remitir al hecho de que el reconocimiento de la propiedad de Israel es justo el mismo reconocimiento que Moisés hiciera en el desierto intercediendo por el pueblo que Dios quería destruir. Es entonces, el nacimiento de Jesús, la manifestación de que Dios salvará a su pueblo.