Para estos días, miles de jóvenes culminan 12 años de estudios y obtienen sus diplomas de bachilleres en Ciencia, Letras, Comercio y de otras categorías. Son momentos agrdulces: la felicidad de completar una fase fundamental de los estudios; pero a la vez de tristeza al separarnos de amigos de tantos años.
Aún así lo que impera en esa juventud es el orgullo de cumplir una de sus primeras metas en la vida. Ahora vienen la etapa más difícil: prepararse para ser un profesional competente.
La educación que recibieron en primaria y en resto de los años será la base. Los que hicieron el mejor esfuerzo y cultivaron buenos hábitos de estudios, es casi seguro que triunfarán en la vida.
Todo eso nos hace reflexionar en la necesidad de mejorar la enseñanza en los colegios, sobre todos los oficiales a los que acude la gran mayoría de los chichos de Panamá. Hay que formar estudiantes con capacidad para pensar y comprender, no para aprender mecánicamente las cosas de memoria.
Es una labor no sólo del colegio, sino también del hogar, que es la primera escuela de los niños y jóvenes. El que recibe buenos ejemplos, así mismo será su comportamiento; los que crecen en un ambiente del juega vivo, sin duda que practicara en su vida profesional lo que observó en casa.
Ojalá que esa energía que se percibe en las graduaciones no desmaye en nuestra juventud. Que se prosiga con los estudios para tener hombres y mujeres capaces, responsables y que respeten al resto de la sociedad. Que el desarrollo intelectual vaya con un refuerzo para no olvidar que somos humanos y que el intelecto no debe servir sólo para beneficiarnos particularmente, sino también para brindar parte de ese talento a los que más necesitan.