Mucha gente ve al gobierno y su partido, como un gigantesco lapidario que subyace sobre el cadáver insepulto de una organización populista, carente de un polo que la conecte a tierra. Expertos en organizaciones en crisis y debacles políticas, perciben en la atmósfera de uno de los partidos más grandes de Panamá, un fuerte olor a mirto funerario.
Viejos analistas, que ahora viven en la paz de las cordilleras capireñas de Victoriano y en donde murió el Ñato Califa, han analizado el desgaste del moribundo modelo plítico de la rebatiña y el acomodo y sostienen que el mismo tendrá que purgarse cuanto antes, así como su auto recetan los perros carroñeros con matojos del caminos, para que les sirva de cura inmediata por las malas ingestas.
Insisten los venerables ancianos, que una vez, bañados y liberados del "retruécano" corrupto que estigmatiza las entrañas de este colectivo gobernante, se darán cuenta que el remoto paraje mal oliente hasta donde han conducido a la patria con demagogia y mentiras, está lejos del rumbo que merecen los Istmeños y que la ambición de su cúpula nos ha regresado cuarenta y cinco años atrás en la historia, nos ha mentido en una vorágine peor y más peligrosa que en los tiempos en que la oligarquía manejaba a su antojo los cuarteles en donde fungía el coronel Omar Torrijos Herrera, cuando también existía: pobreza, corrupción, robos y asaltos diarios tanto así, que el señor Presidente de aquel entonces le apodaron "Marcos Rifle". (Pág. 164, Hist. Sincera de la República C. Calzadilla).
Estos desfasados pelechadores de izquierda, tendrán cinco años para reformular su camino, luego de la merecida derrota que les espera en el 2009 y de no reflexionar, podrían quedar tan odiados como los sindicalistas que arruinaron la envidiable economía chiricana y la oportunidad de mejor vida, para una mayoría con mano de obra no calificada en las bananeras. Escojan entre Alá, Confucio, Cristo o los zancudos israelitas, para no terminar convertidos en una execrable escoria política.