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Caminando al encuentro del Señor

Fundación | Pro Fe

La Iglesia se esfuerza por descubrirnos y mostrarnos en la Liturgia de la Palabra de cada día, que escuchamos en la Eucaristía del tiempo de Adviento, cómo debemos preparar personal y comunitariamente el camino que lleva al encuentro con el Señor.

Para preparar el Camino del Señor concretamente para esta Navidad, vamos a recorrer algunas virtudes con el fin de que -ayudados por la gracia del Espíritu Santo- se hagan más vivas en nosotros y se constituyan en un camino de renovación espiritual.

Esperanza: La esperanza es una virtud teologal que sólo Dios puede darnos. La virtud de la esperanza fortalece el espíritu para que cada uno espere las gracias propias del Misterio de Navidad. El pueblo de Israel debió soportar una larga espera para la llegada del Mesías.

La práctica de la virtud de la esperanza nos abre un camino para el encuentro con el Niño de Belén, porque esta virtud nos recuerda que la Santísima Trinidad ha puesto sus ojos en nuestra pequeñez y ha hecho a favor nuestro grandes maravillas, porque su misericordia es infinita.

Conversión: San Juan Bautista nos señala un camino seguro -aunque sea difícil- para encontrarnos con Jesucristo en esta nueva Navidad, la conversión: "Conviértanse porque ha llegado el Reino de Dios", porque ya llega en Emmanuel.

Conversión es "dar la vuelta", es un cambio de mentalidad, es tomar con más ahínco la práctica y la vivencia del Evangelio, del amor a Dios y a los hermanos, de hacer lo bueno y dejar de hacer lo malo, es reconocer que somos pecadores, es renunciar al pecado, es ponernos en las manos de Dios para que Él nos rehaga desde dentro con su amor misericordioso, es hacer mejor aún lo que ya hacíamos bien. La conversión no se puede quedar en meros propósitos. Cuando alguien afirma que no tiene de qué convertirse, cierra el camino para encontrare con el Niño de Belén (cfr. 1 Jn 1, 8-10).

Con esta disposición espiritual Jesús puede hablarnos, puede guiarnos y puede mostrarnos la meta y la meta para que Él pueda poner su morada entre nosotros. En toda la vida del católico la conversión continua es necesaria, pero es urgente e indispensable cuando nos prepararnos para el misterio del nuevo nacimiento del Niño de Belén.



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