El presidente de los Estados Unidos de América, George W. Bush, obtuvo ayer una apretada victoria en los complicados comicios federales de la Unión Americana. A pesar de pequeños, pero intensos, incidentes en los condados del estado de Ohio, no volvió a ocurrir el desbarajuste de la pasada elección presidencial del 2000, cuando el hoy reelecto mandatario ganó al entonces vicepresidente demócrata tras una impugnación que duró siete semanas en La Florida.
No es un secreto que la victoria de Bush no se debe a su carisma, liderazgo o don de mando para continuar al frente de la mayor potencia mundial. El pasado 2 de noviembre, más de 125 millones de norteamericanos votaron bajo la sombra de la amenaza terrorista que se cierne sobre Estados Unidos, a raíz de los terribles atentados del 11 de septiembre de 2001. Tampoco es un secreto que los gringos suelen plegarse a su presidente y comandante en jefe, cuando sienten que la nación está en peligro.
La gran incógnita es saber cuál será el destino del mundo, de nuestra América Latina y de Panamá con el reelecto gobernante de la Casa Blanca. Según los entendidos, resulta que Bush puede ser más factible y abierto a la hora de negociar acuerdos de libre comercio con Centro América, en especial con nuestro país. Si hubiera ganado el senador John Kerry, de seguro las negociaciones comerciales con Washington se habían ido al traste, pues el ahora ex candidato demócrata rechazaba el mismo en el tema de promoción laboral.
Otros expertos consideran que Bush, por la cuestión de la seguridad nacional interna de Estados Unidos, será proclive a respaldar a Panamá en equipos, entrenamiento y apoyo financiero para combatir al terrorismo.