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Ya se ha hablado de la actitud suicida de muchos panameños, quienes consumen drogas a granel, principalmente alcohol y cigarrillo; tienen relaciones sexuales a diestro y siniestro sin tomar las mínimas precauciones; conducen sus carros como si fuera la última vez y sin tener cuidado con la vida propia y la ajena; y no cuidan su dieta ni su cuerpo de ninguna manera.
Estas son formas de desprecio a la vida. Como no les interesa para nada, hacen uso impropio de la suya, y se lanzan a la calle a destruirse. Pero también hay quienes atacan a otros, les agreden físicamente, les matan. Las experiencias en Panamá abundan. Los narcotraficantes y otro tipo de maleantes sin conciencia, han hecho de este país el escenario de sus matanzas, que son de lo más crueles.
Maridos furiosos, y mujeres celosas en demasía, también han llegado a las primeras planas de los periódicos por sus actos de violencia en contra de la vida humana. Pero lo sucedido en Estados Unidos el martes es una de las muestras más graves del desprecio por la vida. Sin entrar a desentrañar asuntos culturales y de filosofía religiosa, nada excusa una acción así, aunque se tengan sobrados motivos. |