EDITORIAL
El Canal de Panamá en la perspectiva de hoy
El 15 de agosto de 1914,
la nave de trabajo denominada "Ancón" realizó la
primera travesía oficial de la ruta canalera excavada en la cintura
estrecha del istmo de Panamá, donde inicio un proceso de cambio geopolítico
y mercantil que afirmó la primacía mundial de Norteamérica,
país constructor de la obra.
Las rutas marítimas del Cabo de Hornos que dieron esplendor a
la marina chilena y valor en oro al "chilean dollar" decayeron
dejando tras sí el fantasmagórico espectáculo de poblaciones
en abandono, depreciadas, en decadencia; igual ocurrió con los tráficos
navales de Perú. Una investigación acuciosa del sociólogo
chileno Claudio Vélez, muestra los destrozos financieros y económicos
que significó la apertura canalera, para el Sur.
Panamá, unida a los destinos de la magna obra de ingeniería,
la presencia de enclave de una nación con idioma, cultura, sentido
religioso, y propósitos mercantiles distintos generó controversias
que por más de ocho décadas se mantienen, donde se reclama
contra el argumento que nos mira como un camino de agua, una escalera de
esclusas, con olvido de que somos una nación, con hitos históricos,
aspiraciones y valores propios.
El enclave zoneíta que cuadriculó mil cuatrocientos kilómetros
cuadrados, divorciados de las instituciones panameñas, regidos por
legislaciones y reglamentos foráneos, con peso económico abismal
para la endeble república panameña, generó una nacionalidad
híbrida "los zonias" y cortó la vida republicana
en su geografía y en soberanía.
Hoy, en la escalada generacional, que inicia el General Correoso con
su llamamiento a las armas, en 1904, contra el invasor, y las lides soberanistas,
denunciadoras, reclamantes, que llenaran folios con actuaciones de arrojo
y patriotismo, nos acercamos a unificación republicana, y asumimos
el reto de mantener abierto el Canal al propósito del intercambio
y la reciprocidad de las naciones.
El Canal soporta hoy el surgimiento de competidores que articulan puertos,
carreteras y ferrocarriles en búsquedas de desplazar las clientelas
hacia otros horizontes mercantiles; la obsolescencia de algunas de sus estructuras
obliga a la incorporación de tecnologías y aditamentos de
modernidad a la expansión de su cauce, y el control hídrico
de su cuenca, medidas que prolongarán la vida útil canalera
hacia el tercio del venidero milenio.
Para los panameños el Canal de Panamá debe corresponder
a una agenda nacional, por encima de partidismos, amicales arreglos, o aprovechamientos
indebidos: debemos entender la materialización de la ruta canalera
como expresión de la nación, que pertenece a todos.
Ojalá mantengamos elevado tono, sereno ánimo y decidida
voluntad para que el negocio canalero y las reversiones territoriales sirvan
de cornucopia al progreso del país; sin indebidos aprovechamientos
y ni subalternos consideraciones.


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| AYER GRAFICO |
| El único sobreviviente de los constructores del Canal es colombiano
y vive en Panamá. |


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