Como dicen los optimistas, "no todo está perdido en Panamá".
Eso lo comprobé el otro día al leer una noticia que decía que la Escuela Clelia de Martínez, en Penonomé, impulsó un programa de siembra de árboles en instituciones públicas.
Al leer eso mi mente se fue por el túnel del tiempo, a casi cien años atrás.
Vi en mi mente a un joven maestro en el poblado colombiano llamado Sanpués, llevando a sus alumnos a sembrar árboles en "las cercas" de las fincas, para que no los tumbaran después.
Ese maestro emprendedor fue mi padre, quien con orgullo me contaba cómo hizo esa labor que ahora se llama "reforestación".
Sencillamente le pedía días antes a sus alumnos de primaria, que guardaran las mejores semillas de las frutas que comían.
Luego un sábado iba con la muchachada abriendo huecos y sembrando, por los campos cercanos al pequeño pueblo donde nació.
Ahora eso no es nada extraño, ya que desde hace años existen organizaciones (pocas, por cierto), que promueven la reforestación en Panamá.
Considero que hay que insistir todos los años en los beneficios de sembrar árboles. Sobre todo que con las construcciones de casas y edificios de departamentos, algunos no tienen reparo en tumbar hasta bosque y manglares.
Sin árboles disminuye el oxígeno que nos mantiene con vida. Aumenta el calor, y la contaminación causa más enfermedades de las vías respiratorias y las alergias.
Parece que en el país está triunfando una llamada "cultura del concreto". Con el cuento del progreso, se desalojan a panameños humildes de sus tierras, se tumban árboles sin piedad, y se aumenta el llamado "calentamiento global" del planeta.
Se construyen miles de casas y departamentos, pero no se ven los parques que dizque tenían que hacerse por ley en cada barriada.
Mientras otros países en el mundo gastan millones en sembrar árboles (como Chile), nosotros nos damos el lujo de destruir los que tenemos".
Después nos quejamos de las inundaciones, el calor y el "smog". Ojalá que el ejemplo de la escuela penonomeña se difunda por todo el país.
En lugar de andar algunos educadores pensando en huelgas, deben buscar soluciones a la deforestación que sufrimos.
Por supuesto que no sólo los niños deben sembrar. Sería bueno que se hiciera un concurso por televisión para premiar a la asociación que más árboles siembre...
Me gustaría ver a los políticos ofreciendo árboles, para mejorar su imagen en las próximas elecciones...