Las competencias deportivas representan tal vez la forma de consagrar los mejores esfuerzos a la unión y el compañerismo entre los seres humanos.
A pesar de esta afirmación, el deporte ha atravesado etapas oscuras en que se ha impuesto el mecanismo, la imagen y la influencia de determinados países o grupos de poder.
Sin embargo, en la última Copa Europea de Fútbol hemos sido testigos del avance de los equipos poco atractivos para los medios masivos de comunicación y para la taquilla.
Es así como, contra todo pronóstico, la representación de Grecia, inspirada por el espíritu competitivo originado entre sus antepasados, logró el máximo galardón de uno de los deportes más apreciados y mejor remunerados del mundo.
Los helenos, al igual que los antiguos héroes de la Odisea, fueron matadores de gigantes y con una motivación a toda prueba lograron destruir el mito de la eterna presencia de países como Francia, Alemania, Holanda, España e Italia.
Por otra parte, en nuestro continente, la Copa América todavía se encuentra en una etapa temprana para que podamos hacer comparaciones y no sabemos si surgirá otro destructor de leyendas como ocurrió en el Viejo Mundo.
Tal vez Brasil y Argentina mantengan su hegemonía en el fútbol americano, pero estamos seguros que la hazaña de los griegos, inspirará a los equipos considerados pequeños y las competencias deportivas comenzarán a ser más justas y parejas. Es posible que pronto Panamá también pueda tener su momento cumbre y clasifique a torneos de gran tradición y prestigio para orgullo nuestro.