Su diminuta estatura guarda una fuerza cual Sansón o Hércules. Su nombre es María Aguirre, una mujer luchadora que pese a las dificultades que la vida le ha puesto ha sabido enfrentarlas y triunfar.
Al verla, nadie se podría imaginar que doña María tiene 77 años y que sufre de un desgaste en los huesos que a mucho ya los hubiera tirado en una cama. Ella vende pastillas y "burundangas" en la Transístmica, Su secreto es estar bendecida por la "fuerza del Altísimo". Corazón gigante
Doña María nació en Costa Rica, pero junto a su madre se radicaron en Panamá desde que ella tenía 15 años.
A la corta edad de 17 años se le murió una hija de un año, pero pese a este suceso decide adoptar a un niño que abandonaron, el cual se llama Iván Muñoz.
Doña María nunca ha sido carga para nadie, y menos ahora que se acerca a los 78 años. Vendió frituras por muchas décadas en Carrasquilla y en el hipódromo, Presidente Remón.
La simpática señora arrancó su venta hace cinco años con una caja de pepermint, la cual compró en cinco dólares. Asombrosamente una jovencita se la compró en ocho dólares y ella dijo "Gracias Dios mío". Así comenzó todo.