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La sombra del terrorismo

Milciades Ortíz | Catedrático

No dejo de sorprenderme ciertas mañanas en que, cuando despierto de un buen sueño, me encuentro al encender la televisión con que un evento terrible ha ocurrido. El 11 de marzo de 2004 nos entristecimos por la desgracia de los atentados en Madrid. El 26 de diciembre de ese mismo año, ocurre el maremoto en el Sudeste de Asia. Ahora nos enfrentamos a la tragedia de los ataques terroristas en Londres.

Se ha vuelto cotidiano recibir malas nuevas. Mas ahora que el mundo vive una especie de guerra de baja intensidad, a la cual conocemos como "Lucha contra el Terrorismo". No hay movilización grande de tropas, sólo en escasos ejemplos como Irak o Afganistán. Tampoco hay batallas titánicas, pero se dan bajas en el frente.

Pese a que no ocurre una guerra real, si se dan hechos impactantes como los grandes atentados terroristas esporádicos, cuyo comienzo ya todos conocemos: el 11 de septiembre de 2001.

En el caso de Londres, los ataques en el metro demuestran que nada es infalible. Es decir, por más que uno trate de controlar a los grupos extremistas islámicos ligados a la red Al Qaeda de Osama bin Laden, nunca lograremos un 100% de eficiencia para evitar la amenaza del terror integrista.

Las bombas en la Estación King Cross - Saint Pancrass y la que detonó dentro del autobús cerca del Museo Británico han causado la mayor parte de las fatalidades en el punto más vulnerable de la potencia europea: el sistema de transporte masivo.

Tal como nos dijo la Cónsul británica, Penny Walsh, el destino es cruel en ciertos aspectos pues en tan sólo 24 horas, Londres celebra su elección para organizar los Juegos Olímpicos del 2012, pero al rato una oleada de explosiones estremecen al imperio y la tristeza sobrecogió a los ingleses.

¿Y que de los panameños? Estoy casi seguro que Bin Laden y sus secuaces ya se habrán fijado en el istmo y, por supuesto, en el canal interoceánico. Las tropas estadounidenses se fueron en diciembre de 1999 y los servicios de seguridad panameños ni siquiera son capaces de detener la violencia callejera, la guerra de bandas narcotraficantes o la incursión ocasional de los grupos insurgentes colombianos en la frontera del Darién.

El paso por Panamá de Adnan Gulshari Al Shukrijumah, presunto líder de una célula terrorista de Al Qaeda en América Latina, nos indica que Bin Laden puede que esté buscando los puntos débiles de nuestro país para efectuar ataques sorpresivos.

El Canal de Panamá es tan vulnerable que hasta los mismos estadounidenses admitieron en su tiempo que es casi imposible detener un ataque.

Diga lo que se diga, ya estamos advertidos y ojalá que nuestras autoridades despierten del letargo para enfrentar la amenaza terrorista.



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