Si algunas veces usted camina por nuestras calles, habrá podido comprobar como, a ciencia y paciencia de las autoridades, que se hacen de la vista gorda, nuestras aceras desaparecen víctimas de la rapacidad de los propietarios de los comercios adyacentes o de bellacos que se las apropian.
Lo que ocurre con las aceras, es repetición de otros desmanes que a diario nos toca presenciar. Pongo unos ejemplos: no. En el barrio El Carmen, existía una servidumbre que comunicaba la calle Thais de Pons con la Vía Grecia (o viceversa). Un buen día, un propietario colindante la cerró y se la anexó. El Representante de Bella Vista conoce de esta situación, pero no parece preocuparle en lo absoluto.
Dos. En la calle Manuel María Icaza, sector de Campo Alegre, existe un comercio, conocido como el restaurante Jimmy. Otro buen día, sus propietarios decidieron agregar una terraza, ocupando parte del área que destinaban a estacionamiento.
Como el gobernador de la provincia de Panamá, es cliente ese local, un día le invité para que comprobara la arbitrariedad que se había cometido. Su reacción fue de desaprobación. Desde entonces, ha transcurrido más de un mes y la terraza sigue tan campante.
Los casos que mencionó son apenas botones de muestra de situaciones similares se repiten por todas partes. Como estoy con el tema, aprovecho para preguntarle, también públicamente, a quien quiera responder entre los funcionarios competentes: ¿En qué quedó el famoso caso del antiguo Club de Golf? Hace unos meses se destapó que varios colindantes se habían anexado partes del parque.
Como es obvio que todas las apropiaciones descritas sólo pueden ocurrir si alguien con poder se hace de la vista gorda o las aprueba, ya es hora de que algún funcionario se de por aludido, se brinden explicaciones y, sobre todo, se demuestre que no hay gatos encerrados.