En plena ebullición de la tal negociación de un TLC con los Estados Unidos no acabo de comprender cuál es el verdadero motivo que subyace con el apuro de firmar este TLC, aparte de contribuir a la política hegemónica del imperio en su estrategia geoeconómica del control de nuestro bloque continental.
Y me pregunto lo siguiente:
¿Cuál es el apuro de negociar (y firmar) este TLC sin la autentica representación y participación de gremios y representantes del sector primario de nuestra economía, quienes en todo caso serán los primeros en caer en esta desigual negociación?
¿Y QUE DE LOS CONSUMIDORES?
¿Son conscientes nuestros negociadores que por encima de su profesionalismo está la tierra que los vio nacer Panamá, y que es la estricta reciprocidad el punto de partida de lo que negocien en esta aventura llamada TLC?
¿Son conscientes nuestros negociadores que están a punto de entregar nuestra seguridad alimentaría?
¿Son conscientes nuestros negociadores de lo que ocurriría al desactivar el 48% de la mano de obra (empleo) que significa nuestro sector productor agropecuario?
¿Son conscientes nuestros negociadores que si no producimos un mínimo de lo que consumimos quedamos a merced de las importaciones, y si acaban con los productores tampoco habría consumidores?
¿Son conscientes nuestros negociadores que en Panamá no contamos todavía con un reglamento de etiquetado para alimentos preenvasados; que tampoco contamos con el laboratorio de análisis de residuos tóxicos, que no tenemos un organismo serio ni legislación sobre organismos y alimentos genéticamente modificados (transgénicos) y que con este TLC quedamos totalmente a merced de la invasión de estos productos tanto alimentos como semillas, con los consiguientes daños a nuestra producción y a la salud de nuestra población?
¿Son conscientes nuestros negociadores que los TLC no hacen más que reforzar el poder y el control de las empresas transnacionales?
He querido reflexionar en cuanto a este tema con algunas de las preguntas más comunes que surgen de diferentes sectores en nuestra opinión pública y que al parecer, nuestras autoridades y negociadores les importa poco contestarles o aclararlas, por lo que no me queda más que manifestar lo que infinidad de veces escuché decir a mi padre: Mucho apuro trae cansancio.