El Papa Juan Pablo II, muy debilitado por la enfermedad, llegó a Suiza para una visita de un día y medio, su primera fuera de Italia desde hace ocho meses, causando agitación en el seno de las Iglesias católica y protestante.
El sumo pontífice fue recibido por el presidente de la Confederación Helvética, Jospeh Deiss, en el aeropuerto de Payerne, a 50 km de Berna, de donde partió para la capital suiza en una camioneta.
El descenso del avión del Papa, quien acaba de festejar sus 84 años, se efectuó al abrigo de las miradas y la ceremonia de acogida fue retardada algunos minutos mientras el Santo Padre era ocultado por una cortina blanca.
El Papa leyó su discurso de llegada en alemán, en francés y en italiano, lenguas oficiales de Suiza, saludando "a los cristianos de otras confesiones", y se alegró porque "la divina providencia" lo hubiese conducido ante "un pueblo que conserva antiguas tradiciones y que se abrió a la modernidad".
"A todos les quisiera volver a proponer el anuncio evangélico de Cristo Salvador, ofreciéndole a cada uno de ustedes la esperanza de su paz. Dios bendiga a Suiza", expresó Juan Pablo II.
La tercer visita del Papa a Suiza, uno de los centros históricos del protestantismo, generó algunas quejas en sectores del calvinismo que indicaron que aún existen tensiones entre los protestantes suizos y los católicos después de cinco siglos.