Vamos a intentar entrever lo que es la Alegría de Dios, a fin de poder decirle mejor: ¡Oh Dios mío, Trinidad a quien adoro, que cada minuto me conduzca más profundamente dentro de la profundidad de tu alegría!
LA ALEGRIA DEL PADRE
La alegría del padre es engendrar a su Hijo. Los cristianos no se sorprenden de que en el corazón de los padres y las madres exista un deseo tan grande de transmitir la vida y de llenar de ternura a sus hijos. Es porque saben que esos papás y esas mamás fueron creados a imagen de un Padre cuya felicidad es darle Él mismo todo lo que tiene otro. A su Hijo no le da lo mejor de sí mismo. Le da todo lo que tiene, todo lo que es, sin que por ello pierda nada de lo que es Él mismo.
La alegría del Padre es también contemplar sin cesar este amor de Hijo. El Padre no se mira para nada a sí mismo.
LA ALEGRIA DEL HIJO
Todos estamos llamados a compartir, ya desde esta vida, esta alegría del Hijo bien-amado: la alegría de acoger el amor del Padre y la alegría de lanzarse hacia Él. Aunque recibe todo de Él, no es inferior a su Padre. No hay ninguna desigualdad entre ellos. "Luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero"; es tan perfecto y tan feliz como su Padre.
LA ALEGRIA DEL ESPIRITU SANTO
En Dios, el impulso de amor es una Persona. Cuando el Padre le dice a su Hijo: "Hijo mío", el efluvio de amor que va del Padre hacia el Hijo es el Espíritu Santo. Y cuando el Hijo le dice a su Padre: "Abbá!", la música de esta declaración de amor, es siempre el mismo Espíritu Santo.
LA ALEGRIA DE DIOS
Las tres personas divinas, realizan, en perfección, el sueño de toda comunidad humana, familiar o política: la unidad en la diversidad -que cada uno siga siendo él mismo sin dañar la unidad del grupo.
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de tal manera forman UNO que no tienen, entre los Tres, más que una sola inteligencia, una sola voluntad, una sola actividad. Es muy poco el decir que toman sus decisiones en unanimidad.