Un sábado llegó a Panamá y un sábado se nos fue de este mundo. Juan Pablo II arribó a nuestro país a las 9:35 a.m. del 5 de marzo de 1983 a bordo de un avión DC-10 de Alitalia.
Apenas se asomó a las escaleras de la aeronave abrió sus brazos para bendecir a los presentes en el aeropuerto de Tocumen. Al descender se inclinó y besó el suelo panameño.
El Santo Padre le entregó una Biblia al presidente Ricardo De La Espriella y exclamó: "Bendita sea la Divina Providencia que me concede visitar este noble país".
Hoy 22 años después, Ricardo De La Espriella relató a Crítica los detalles de la entrevista privada que mantuvo con el Sumo Pontífice.
Juan Pablo II venía algo molesto con los sandinistas. De La Espriella recuerda que el Papa "machacó bastante" en la necesidad de la democratización de Panamá y en el compromiso de celebrar elecciones libres.
Un año después -en mayo de 1984- Panamá debía celebrar sus primeras elecciones presidenciales directas, luego del golpe militar de 1968. Ricardo De La Espriella no pudo cumplir su promesa al Papa, porque fue derrocado antes de la celebración de esos comicios.
De La Espriella dijo que ese encuentro con el Papa ha sido "imborrable... es una de las impresiones más grata de mi vida".
Recordó que la visita se gestionó a través de la Nunciatura que en ese tiempo estaba a cargo de monseñor José Sebastián Laboa. Se intentó que Juan Pablo II pernotara en Panamá, pero al final se decidió por Costa Rica.
Su visita a Panamá fue de 11 horas. Durante las 5 horas previas al ingreso del avión de Alitalia, se cerró el tránsito aéreo por razones de seguridad. La logística estuvo a cargo del coronel Angel Mina Justiniani. Uno de los hombres que iba custodiando el famoso Papa Móvil, era el miembro del G-2, Fitz Gibson, mejor conocido como "Sangre".
El expresidente De La Espriella destacó que Juan Pablo II lo impactó, porque era un hombre que irradiaba bondad e impresionaba, porque tenía ese Don Divino que lo hacía un hombre extraordinario.
Manifestó que cuando ya no era presidente lo visitó en el Vaticano junto a su esposa e hijos y Juan Pablo II recordó que le había encantado su visita a tierras istmeñas. En aquella ocasión, el Santo Padre se colocó una chaquira guaymí y un sombrero típico; estuvo en Paitilla, Albrook, el estadio Revolución y la Catedral.