La propaganda electoral de los partidos políticos y sus candidatos, ansiosos por lograr el triunfo en la contienda de mayo próximo, ha puesto en movimiento la imaginación y hasta la fantasía, con slogans y mensajes publicitarios variados y dignos de ser coleccionados para la historia.
Ricardo Martinelli, apurado por sentarse en la silla presidencial, decidió comenzar a caminar en los zapatos del pueblo; Guillermo Endara asegura a sus electores que de ganar, será un presidente de verdad, insinuando que los demás son de mentira; Martín Torrijos, dice que sí se puede, pero no sabemos qué; y José Miguel Alemán ha hecho tantas propuestas que nadie sabe cuánto tiempo le tomará cumplirlas.
Pero de todos los slogans de campaña, ese de caminar con los zapatos del pueblo resulta el más pintoresco y hasta jocoso, pues a nadie se le ocurriría pedirle los calzados a otra persona para ir por allí a promover sus aspiraciones políticas, a parte que es antihigiénico en un país donde la humedad produce hongos, sarnas y pecuecas en los pies. A esto debemos agregarle el mal estado de las calles, causantes de dolorosos juanetes y uñas encarnadas.
Hay zapatos de diferentes calidad y precio. Por ejemplo, recuerdo las pantuflas, unas zapatillas de tela negra con plantilla de hilo. Después salieron los populares calzados Sandak, todo de caucho, tan flexibles que usted se los podía meter como una bola en el bolsillo. Estos eran tan calientes que, bajo el sol de verano el caminante debía despojarse de ellos, pues se exponía a un mal de orina y a sufrir de los riñones.
Ojalá nuestros políticos, una vez pasadas las elecciones, no le devuelvan al pueblo sus zapatos más rotos de lo que están, mientras se calzan sus florsheims y le dan la espalda a tantas promesas.