La triste realidad de Panamá tiene cara de niña, pero con cuerpo de mamá. Y es que no hay otra fórmula en la sintaxis para describir la preocupante cifra de aumentos de embarazos precoces.
A pesar de los intensos programas educativos y de prevención, los embarazos entre niñas de 10 a 15 años no dejan de registrarse. La batalla parece ganarla los hombres seductores que siembran el deseo sexual en las menores a cambio de un amor fingido.
Un crecimiento truncado a tan corta edad es lo que experimentan estas niñas que tienen que dejar las muñecas para enfrentarse a la realidad de ser madres.
¿Qué es lo que está ocurriendo en la sociedad? ¿La familia no está cumpliendo con su cometido? Aunque nos interroguemos sobre cuál es la causa real de esta situación, las estadísticas nos hablan alto y claro al oído de todos.
En San Miguelito, por ejemplo, se ha detectado que muchas de estas embarazadas oscilan entre los 10 a 14 años de edad, y de 15 a 19 años. Esto hace precisar que ni siquiera están bien desarrollas cuando de pronto una que otra prueba sale positivo.
Estudios estadísticos efectuados por el Ministerio de Salud de San Miguelito arrojan resultados más detallados sobre estas jovencitas, que en su mayoría habitan en sectores como: Veranillo, Torrijos-Carter y Amelia Denis de Icaza.
La crisis no sólo afecta a este populoso distrito, ésta llega a tocar a cada una de las provincias, principalmente en las áreas indígenas donde es nulo o muy poco el apoyo que se les brindan en materia de educación sexual.
Panamá debe despertar y poner en práctica programas que funcionen. Lo teórico nunca funcionará si no se lleva al terreno. Salvemos a las niñas y no las obliguemos a ser mamás.