Una dieta con una buena proporción de legumbres resulta baja en grasas, muy nutritiva, rica en fibra y con una efectiva protección ante enfermedades cardiovasculares y la obesidad.
Las legumbres o leguminosas nos brindan una excelente calidad y concentración de nutrientes, sin el aporte de grasas saturadas que tienen los alimentos de origen animal. Por eso, la próxima vez que pienses una excusa como "no me gustan", "no saben a nada" o "no tengo tiempo para cocinarlas", piensa en los grandes beneficios que estás desaprovechando.
Todas las legumbres son alimentos con bajo índice glucémico, es decir, aportan hidratos de carbono esenciales y bajos en grasas para el organismo. Son muy buenas para las personas diabéticas o para aquellas que quieren cuidar la línea.
Además, tienen un elevado aporte de fibra y proteínas, ideales para los vegetarianos que no concentran las proteínas que nos brindan las diferentes carnes. Todas las legumbres contienen 2 ó 3 veces más hierro que la carne, pero de mala absorción, por eso para mejorar su absorción se debe consumir con vitamina C.
Por último, pero no menos importante, aportan grasas insaturadas, es decir, beneficiosas para la salud y no aumentan el colesterol malo. Además, son una gran fuente de fibra vegetal tanto soluble como insoluble, por lo cual ayuda a prevenir y combatir el estreñimiento.