"Allí está el campeón", es el grito de jugadores y fanáticos cuando su equipo logra cualquier título. Eso esta bien. Hay que celebrar los triunfos, lo malo es que muchos utilizan esa excusa para embriagarse hasta perder el conocimiento o la razón, para luego quedar haciendo un papelón.
En las Grandes Ligas se celebra la conquista de una Seria Final o de una División con champaña. Acá en los países tropicales, el festejo es con cerveza, seco o cualquier bebida embriagante que esté al alcance de la gallada.
Mezclar licor con deporte como que no combina. Se supone que un atleta debe tener buenas condiciones y las bebidas embriagantes se incluyen en la categoría de drogas al momento de cualquier competencia. Sin embargo, existe la realidad de relajarse un poco, cuando se completa una liga o un campeonato.
Pero la intención es relajar las tensiones un poco, no emborracharse para quedar convertido en el payaso de la jornada para mañana estar como una paleta: en la boca de todo el mundo.
Sucede que hay personas que no saben controlar el trago y más cuando el consumo es gratuito. Se estacionan cerca del bar y en su mano derecha ya tienen la forma característica de agarrar un vaso; es como si tuvieran un molde prefabricado para alzar nada más el brazo y beber, beber y beber.
Este tipo de gente hacen suyo aquel viejo disco de Lucho De Sedas: "si el mar se volviera ron". Sin dudas, ellos se lo chuparían, porque cuando se trata de alcohol no tienen límites y no saben cuándo parar.