Luego de pasada la euforia de las fiestas Patrias, se hace necesario evaluar los excesivos días de asueto que se registra en un país subdesarrollado como Panamá.
En el período del 3 al 10 de noviembre, el gobierno no laborará durante seis días. Una nación que enfrenta una crisis fiscal no se puede dar ese tipo de lujos. Al menos el Estado tiene la ventaja de cerrar sus oficinas, pero el sector empresarial que no puede detenerse, debe enfrentar los sobrecostos que este año representó incluir el 5 de noviembre como Día de Fiesta Nacional.
Las grandes empresas no tienen mayores problemas; éstas reducen a la mitad el personal que labora en los días feriados y aunque eso le represente también desembolsos adicionales, tienen la capacidad de enfrentar sin dificultades esos compromisos. El dolor de cabeza es para los pequeños negocios que apenas tienen para cubrir su planilla y los gastos de los servicios públicos.
Resulta difícil para la mediana y pequeña empresa enfrentar ese tipo de gastos adicionales. Con ventas reducidas no es factible mantener abierto sus negocios y si abren se corren el riesgo de no lograr los ingresos suficientes para cubrir los desembolsos adicionales, que representa el pago extraordinario a sus empleados por laborar en un día de fiesta nacional.
Quizás lo único positivo de esas extensas jornadas de asueto, es éxodo de capitalinos hacia el interior del país, lo que en cierta forma reactiva la economía de los sectores ubicados después del puente de las Américas.
Sin duda que Panamá es uno de los países con más días de asuetos en su calendario. Esta situación nos resta competividad frente a otras naciones.