Duele ver cómo hay tantos jóvenes que utilizan la palabra noviazgo para hablar de cualquier clase de relación, supuestamente, amorosa.
Aventuras sentimentales y hasta ciertos grados de amistad entre ambos sexos son catalogados como noviazgos. Y no son tales. Por otra parte, cantidad de jóvenes simplemente queman etapas, desperdiciando muy buenas amistades, confundiéndolas con noviazgo.
El adolescente está en el mejor momento para saborear la experiencia inolvidable de la amistad. En esos momentos comienzan a descubrirse y a vivirse actitudes como la lealtad, el diálogo profundo, el escuchar y guardar secretos, el conocer más íntimamente la grandeza del corazón del prójimo. Muchachos y muchachas comienzan a vivir la manifestación de la riqueza interior que todo joven tiene. Y en esa relación sana nace un respeto grande hacia el otro sexo.
¡Qué bueno es que el adolescente cultive amistad con gente de su sexo y también del contrario! Y los papás deben favorecer estas relaciones. La amistad dulcifica el alma.
Pero en nuestra cultura sensual, seudo romántica, donde se bombardea a la gente con novelas y películas, donde se ven toda clase de relaciones que deforman el amor, donde lo que impera entre el hombre y la mujer es el interés sexual, la intriga, la traición y las aventuras; nuestros jóvenes adquieren una visión deformada, no auténtica, de la amistad, el noviazgo, el amor y el matrimonio.
Nace, entonces, un interés en el otro sexo no motivado por el amor, la solidaridad, el compañerismo; sino por el goce momentáneo, la aventura , el "pasar el rato", el aprovecharse del otro.
El noviazgo es un período muy serio, donde ambos jóvenes deben ir conociéndose e identificándose mutuamente para así entablar una relación permanente y complementaria en el matrimonio. Previo al noviazgo está la etapa de la amistad, donde ambos han ido construyendo una relación de simpatía, compañerismo y confianza que posibilita esa otra relación más profunda.
No se puede ir al noviazgo sin haber pasado por la amistad.