Hoy se cumplen 15 años de la intentona golpista del 3 de octubre de 1989, que trajo como consecuencia la ejecución de once oficiales que se alzaron contra el régimen de Manuel Antonio Noriega.
La asonada fue ejecutada por la oficialidad joven de las Fuerzas de Defensa que ocupaban los mandos medios. Los cerebros de la operación fueron los oficiales Javier Licona, Moisés Giroldi y el capitán Edgardo Sandoval.
El movimiento golpista se originó en medio de una de las peores crisis que enfrentaba Panamá por las diferencias surgidas entre Noriega y la administración estadounidense, que luego llevaron a la invasión del 20 de diciembre de 1989.
Las Fuerzas de Defensa habían derrocado a los mandatarios Nicolás Ardito Barletta y Eric Arturo Delvalle, luego desconocieron el resultado de las elecciones de mayo de 1989.
Washington mantenía congelados los fondos panameños depositados en bancos norteamericanos y la Comisión del Canal no entregaba sus aportes al régimen militar.
Todo ese cúmulo de situaciones dieron margen a la conspiración contra la cúpula castrense. Sin embargo, el movimiento fracasó por la falta de un apoyo convenido con el Comando Sur. Al final, los golpistas se rindieron y la mayoría pagaron con su vida.
Los alzados fueron llevados encapuchados a un hangar de Albrook, donde fueron fusilados, dando origen a lo que luego se denominó la masacre de Albrook. Fue una matanza sin precedentes.
La mayoría de los involucrados lograron evadir al brazo de la justicia y uno de ellos fue indultado por la administración del presidente Ernesto Pérez Balladares, pero el recuerdo de lo que hicieron debe remorderles la conciencia.