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GOTAS DE VIDA NUEVA
  OPINIÓN


Eucaristía y Misión

Redacción | Fundación Pro Fé

Queridos Hermanos y Hermanas:

El compromiso misionero de la Iglesia constituye, una urgencia que en varias ocasiones he querido recordar. La misión, como he recordado en la Encíclica Redemptoris Missio, está aún lejos de cumplirse y por eso debemos comprometernos con todas nuestras energías en su servicio. ¡Sí! Es necesario promover con valentía la misión "ad gentes", partiendo del anuncio de Cristo, Redentor de cada criatura humana. Octubre, mes misionero, será una ocasión extraordinaria para esta unánime toma de conciencia misionera alrededor de la Mesa del Cuerpo y de la Sangre de Cristo. Reunida alrededor del altar, la Iglesia comprende mejor su origen y su mandato misionero.

"Eucaristía y Misión" forman un binomio inseparable.

«La Eucaristía edifica la Iglesia y la Iglesia hace la Eucaristía»: así escribía observando cómo la misión de la Iglesia se encuentra en continuidad con la de Cristo (Cfr Jn 20, 21), y obtiene fuerza espiritual de la comunión con su Cuerpo y con su Sangre. Fin de la Eucaristía es precisamente «la comunión de los hombres con Cristo y, en Él, con el Padre y con el Espíritu Santo».

Alrededor de Cristo eucarístico la Iglesia crece como pueblo, templo y familia de Dios. Al mismo tiempo, comprende mejor su carácter de sacramento universal de salvación y de realidad visible jerárquicamente estructurada. Ciertamente «no se construye ninguna comunidad cristiana si ésta no tiene como raíz y centro la celebración de la sagrada Eucaristía». De hecho, quien encuentra a Cristo en la Eucaristía no puede no proclamar con la vida el amor misericordioso del Redentor.

La Eucaristía, subraya el Concilio Vaticano II, «es fuente y cumbre de toda la vida cristiana» «culminación de toda la predicación evangélica». Para evangelizar el mundo son necesarios apóstoles "expertos" en la celebración, adoración y contemplación de la Eucaristía.

A este banquete y sacrificio están invitados todos los hombres, para poder, así participar de la misma vida de Cristo. Alimentados de Él, los creyentes comprenden que la tarea misionera consiste en el ser "una oblación agradable, santificada por el Espíritu Santo", para formar cada vez más "un solo corazón y una sola alma" y ser así testigos de su amor hasta los extremos confines de la tierra. La Eucaristía es el consuelo y la prueba de la victoria definitiva para quien lucha contra el mal y el pecado; es el "pan de vida" que sostiene a todos cuantos, a su vez, se hacen "pan partido" para los hermanos.



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