No todo está perdido en el complejo y convulso mundo de hoy; aún quedan personas preocupadas por mejorarlo, haciendo el bien a los demás, sin pedir a cambio nada. Son de los que regalan sin decir por qué, ni para qué, no les interesa los requerimientos de la acción, cumpliendo irrestrictamente con el adagio: haz el bien y no mires a quién. Se despojan de sus intereses personales izando bandera, poniendo a funcionar la máquina de la dinámica de sus emotivos ideales que ven próximos, desafiando las temerarias dificultades, llevando en alto los más audaces sacrificios.
Borrando las lágrimas de dolor y el sufrimiento, implantando por el imperio menospreciable de las drogas, he allí, el objetivo, cuyo empeño se transforma en alegría infinita, en desborde de regocijo y satisfacción en la comunidad general.
Es un deber alejar a la niñez, también a la juventud de los estupefacientes ilegales que consumen cada minuto que pasa a los componentes de nuestra sociedad. Frente a las garras licenciosas del vicio se levanta en nuestro medio una figura enhiesta, Anselmo "Chemo" Blis, de hablar pausado y reflexivo, de mirada serena, como un mar visto de lejos a la caída del sol. Alma hecha de resistencia de amor y sacrificio, tocando puertas sin desmayar, tanto en las instituciones públicas, como privadas, en especial en la Alcaldía de Panamá, donde tiene su amigo de siempre, el alcalde Juan Carlos Navarro, uno de los tutores actuales del deporte panameño.
El sabe que la tarea emprendida la ganará con altas calificaciones, consistiendo su esfuerzo en la formación de liga infantiles, involucrando varias categorías comprendidas en las edades de siete a los catorce años. Actúa como el operario, ajustando y afilando sus queridas herramientas -sin demora- que en su caso son los niños que empiezan a crecer, para que les sirvan positiva y últimamente al país, seguro de no dejarlos caer en esta forma en el mundo lamentable y deshonrado del vicio.