De una conversación entre Plinio Apuleyo Mendoza, autor del “Olor de la guayaba” con Gabriel García Márquez, me entero que Fidel Castro anhela ser escritor después de la resurrección de los muertos.
Como católico, no dudo que si el gobernante cubano se arrepiente de sus pecados antes de su último suspiro, será recibido en el reino de Dios, ya que la gran ventaja de nuestra religión es que el que peca y reza sinceramente empata, así de simple. En las misas los padres no hablan mucho de cómo será esa promesa de resucitar a los muertos, limitándose uno entonces a la fe, apartándose de todo análisis o razonamiento para seguir viviendo con el resto de los sobresaltos terrenos.
Pero, si a Fidel Castro le permiten ser escritor en la vida perdurable, ¿de qué escribiría entonces?...Si allá me imagino que no habrá hambre ni desigualdades y todo será felicidad y que el tiempo lo pasará uno descubriendo seres queridos que murieron primero que uno y viceversa. ¿O no es así?. Yo no creo que en el cielo uno tenga que estar leyendo libros escritos por Fidel para apaciguar el estrés, eso contravendría con la soñada bendición abundante que nos permitirá la felicidad del Supremo. A menos que Castro esté pensando como muchos, que la resurrección se trata de otra oportunidad en la misma tierra, en donde el alma vuelve en otro cuerpo y con la libertad de seguir el bien o el mal. Este tipo de creencias se da en el Caribe, del primero que leí al respecto fue del finado Papadoc Duvalier, quien mandó a matar a todos los perros negros de Haití, porque suponía que eran sus enemigos encarnados y que venían a matarlo.
De estar Fidel en el camino correcto, a lo mejor como escritor, correría con buena suerte y llegase a ser toda una celebridad de las letras. Hasta ahora, me permito creer que Fidel está equivocado en sus pretensiones, pues considero que él sería como el resto de los arrepentidos, sanado espiritualmente para que vuelva a disfrutar del amor de Dios.