Emocionado y muy contento "por volver a casa", Benedicto XVI llegó a Munich, primera etapa de su sentimental viaje de seis días por su Baviera natal, donde nada más llegar pidió a los alemanes que se mantengan fieles al cristianismo y tendió los brazos a las iglesias luteranas.
Benedicto XVI también dijo a sus compatriotas que aunque le hubiera gustado volver a su tierra, Dios, al que llamó "el Patrón", "ha decidido de otra manera", y lo le ha mantenido en Roma como sucesor de San Pedro.